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Ocasiones

Una puta en el silencio (novela)

Cap. 4--> Jorge (Ocasiones)

Cap. 4--> Jorge (Ocasiones)

 

Antes que nada, quería recordar, que esto es una novela, podeis encontrar los anteriores capítulos en este enlace: "Una puta en el silencio"

 

Se sentó en el sofá de la casa, se puso el Cd de Aimee Mann con su “Wise up” de la banda sonora de Magnolia, y programó el reproductor, para q sonaran esa canción y “Save me” seguidas, y continuamente… Se encendió un Chester, que acompañó con un Licor 43 con lima detrás de otro… 

- Beber para olvidar, ¿no dicen eso? (se repetía así mismo…)… Jorge, hoy te has pasado tronco, la has pifiado… Pero ¿qué quiere Mon que hagas? ¿Disimular?, no, no eres tan buen actor, mírate tío, estás hecho un asco…
Jorge lloraba mientras se repetía esto una y otra vez. 
Verdaderamente estaba enamorado de Mónica, y no sabía por qué… no sabía a qué se dedicaba, ni de dónde era; no sabía de su familia, sólo que tenía un hermano al que nunca había conocido, que sus padres estaban separados… no sabía sus apellidos, no sabía realmente casi nada de Mónica y llevaba con ella casi 9 meses… Pero ella siempre tenía dinero, se podía permitir grandes lujos, y a final de mes, hasta terminaba invitando ella, porque él siempre se quedaba sin dinero… Pero le daba igual, él se sentía a pesar de ello, ampliamente identificado con ella, sabía que era su alma gemela, la quería a morir, pero no podía más, por eso mismo, no podía dejarla. Pero tampoco continuar así…
Jorge trabajaba de relaciones públicas para una empresa de publicidad, le iba muy bien, y pronto le iban a subir el sueldo, y cuando lo hicieran, iba a llevar a Mon de crucero por el Mediterráneo para que viera aquellos parajes con los que él y ella tanto habían soñado conocer, y tanto habían viajado por ellos, gracias a su imaginación, tan pronto se encontraban en la torre inclinada de Pisa, como de repente, estaban en aquellas ruinas griegas que tanto les excitaba a los dos, y lo hacían allí, pero siempre con la imaginación…
- Mon, ¿por qué no me quieres tía? ¿por qué no me quieres? Si yo sé que sí, pero ¡joder!, me pones muy difícil el que yo esté seguro de eso (jorge borracho de licor 43, gritaba mientras lloraba en el salón…) Mon, ¿por qué me dejas solo? ¿por qué te escondes tanto?, yo no te pido nada cariño, no te pido nada, porque con lo que me das, es suficiente para que yo sea feliz, pero no soporto que otro que no sea yo te toque, no soporto tus gemidos tan explosivos con ellos, no soporto cuando sé que te están pegando, y yo estoy aquí al lado, sin poder hacer nada, porque tú les pides que te peguen más fuerte…. Mon, ¿por qué?, ¿acaso ya no me quieres? ¿Verdaderamente te importa todo una mierda? Y si es así… ¿por qué huyes cada vez que sale el tema?... No lo aguanto …Cuando tú y yo estamos a solas, sólo me pides que te mime, pero luego con ellos gritas de pasión excitadamente, y cuando estás conmigo… ¡Oh Mon!, te deseo tanto… te amo tanto… y te odio, cuando de repente te traes a uno de tus amiguitos… Mon, ¡mierda!, ¿qué te dan ellos que yo no? A mí querida mía, tan sólo me sale mimarte, abrazarte, acariciarte… me encanta mirarte a la cara, quitarte ese mechón de pelo negro, mientras te acaricio la cara, y sentirme lleno con tu mirada… me encanta cuando de repente, mi mano, la que antes te acariciaba, te coge dulcemente la cara, y mientras, la otra va acariciando tus muslos, subiendo hacia tu entrepierna, y mientras te paso mi mano por tu cara, cuando llego a tus labios, tú me besas los dedos, y tú vas hurgando en mí por debajo de mi ropa, por mi espalda y la bragueta del pantalón, es entonces cuando nos fundimos en un intenso beso, y mientras tus manos van desnudándome, y mis manos, van acariciándote, primero el cuello, luego el pecho, y empieza a desnudarte…. Mon, quiero que sea como antes, ¿qué nos ha pasado?....

 

Anterior capítulo: Capítulo 3: El Penny

3--> El Peny (escrito por Jai)

3--> El Peny (escrito por Jai)

 

-Teléfono, señor Martínez- Un individuo alto y estrambóticamente vestido (una camisa de colores imposibles, pantalones llenos de parches, coleta de macarra…) se detuvo en el umbral de la puerta, mirando con gesto titubeante al interior. Y desde el interior el Peny, que estaba sentado frente a una mesa sucia; llena de papeles y con restos de cocaína emblanqueciendo su otrora brillante superficie, le respondió con una mirada de desdén.
-¿Quién es?
-Mon.
-Pásamela.
El Peny cogió el auricular del teléfono inalámbrico, al tiempo que una sonrisa aviesa dejaba entrever un diente dorado, que destacaba entre el resto de su dentadura, ennegrecida por el exceso de tabaco.
-Dime
-Ramón, soy Mónica. Necesito hablar contigo.
-Hola preciosa- Un brillo apareció en los ojos del Peny, al tiempo que su mano izquierda desaparecía bajo la mesa.-Cuando tú quieras, ya sabes que para ti estoy siempre disponible.
Tras colgar el teléfono, se sintió excitado ante la perspectiva de un encuentro con Mónica esa misma tarde. Imaginó que vendría por el asunto de siempre (quejarse y lloriquear un rato) y que después de un par de promesas que ambos sabían de antemano que no iban a cumplirse accedería a dejarse follar. Llevaba tiempo tratando de dejarlo tirado, pero no le iba a ser tan fácil. Al menos hasta que su querido hermano saliera de Carabanchel; y para eso aún quedaban 3 meses. Después seguramente la tendría que dejar escapar, pero bueno, algún día tenía que pasar. Y decidió que si alguien se había ganado su libertad, esa era la conejita Mon. Y además aún le quedaban unos meses de diversión con ella. 
Le excitaba más que ninguna de las otras porque había en ella tal violencia, tal repulsión hacia él mismo que apenas se molestaba en disimular que…al Peny le fascinaba el juego de sexo y asco que se traía con ella. Quizá porque había más autenticidad en esta relación que en todas las que había tenido desde que Ana lo abandonó. 
Decidió llamar a Rebeca, una de sus más recientes adquisiciones para entretener la espera hasta la cita con Mónica, que iba a ser a las 8 de la tarde. No pensaba acostarse con ella, tan solo jugar un poco, tal vez le pidiera que lo bañara. Le divertiría volver a ver el gesto de Rebeca al ver que solo se trataba de hacerle compañía, una mezcla de alivio por no tener que follar con él y contrariedad por sentirse rechazada. Al fin y al cabo a nadie le gusta sentirse rechazado, ¿no?.

 

CAP: 2 --> Mónica (escrito por Ocasiones)

CAP: 2 --> Mónica (escrito por Ocasiones)

 

Hoy no aguanto más, yo le quiero, pero… no puedo decirle que la realidad de todo es esto, es otra más difícil…
Acabo de cerrar la puerta de golpe, él no lo entendería, seguro que no… yo sí puedo entenderle a él, porque, al fin y al cabo, es lo que yo quisiera… entiendo q no quiera tocar mi cuerpo. Debí de serle sincera desde el primer día que me llamó por teléfono…

- Nos conocimos en un accidente de tráfico, la verdad es que yo llevaba prisa, había quedado con un cliente, pero el accidente, hizo que me retrasara… Le di mi teléfono, por si tenía algún problema, y porque me pareció un chico agradable. No era especialmente atractivo, la verdad, es que no me llamó nada la atención al principio; pero un día recibí una llamada (otro cliente, pensé…) por lo que descolgué el teléfono como de costumbre:
- ¿Sí? Mónica al aparato.
Al instante escuché una voz, que levemente me parecía familiar:
- Sí, hola Mónica, soy Jorge… esto…, no sé si te acordarás de quién soy.
_ ¿Jorge? Esto… umm… claro q me acuerdo de ti.
No era cierto, no sabía quién era, habían tantos Jorges, para los que había trabajado… aunque me llamó la atención q no empezara a decirme cosas obscenas en cuanto le dije ummm…, normalmente he de continuar con…
- ¿En serio que te acuerdas de mí Mónica? Vaya…
- Sí, claro que me acuerdo Jorge, ¿qué tal estás?
- Bien, bien, mi coche ya está reparado…
¡Vaya!, pues no era un cliente, era el chico tan majo con el que tuve aquel infortunio…
- Esto (jorge seguía hablando mientras Mon, recordaba…) Mónica, yo te llamaba para ver si te hacía quedar esta noche para tomar algo, unas copas y eso…
Miré rápidamente la agenda, Jorge podría ser un candidato más a cliente fijo…
- Sí claro Jorge, ¿por qué no?
Maldita respuesta….
Aquella noche, todo fue genial, por primera vez un hombre me trataba como una mujer de verdad, por primera vez podía hacer lo que yo quisiera, ser yo misma, y eso me gustaba mucho, eso fue lo que realmente me atrajo más de Jorge, que con él, dejaba de ser la conejita Mon, para convertirme en quien realmente soy, Mónica.
Las cosas empezaron viéndonos cada vez más, a mí me costaba mucho seguir el ritmo, clientes, Jorge, pero estaba atada, estoy atada, al menos por un año más… dentro de un año mi contrato con “El Peny” se habrá terminado, pero cada vez me pide más explicaciones… quizás si me iba a vivir con Jorge, me dejaría tranquila, él debía de entenderlo, así que, le propuse a Jorge, irnos a vivir juntos, era una locura, sólo llevábamos dos meses juntos, pero, yo estaba enamorada de Jorge, había sido el primer hombre, con el que había hecho el amor, y por un maldito contrato… yo quería dejarme eso, pero tenía las manos atadas…y así fue.
“El Peny” me dejó tranquila un tiempo, pero yo sabía q eso no iba a ser efímero, así que le dije a Jorge, que yo era una chica muy liberal con el tema del sexo, y que yo no podía ser monógama, q antes de irnos a vivir juntos, tenía que aceptar eso…
¡Yo se lo advertí, joder!, se lo dije así, porq no quiero q sepa que está con una PUTA, pero queda poco, ya queda poco…. Hoy volveré a mi cobijo… La calle, prostituyéndome, como una zorra, como la conejita Mon, disfruto follándome a esos cabrones, y fingiendo los orgasmos más placenteros, que nunca jamás sus queridísimas novias o esposas habrán alcanzado con ellos, pero eso a Jorge…

 

Una puta en el silencio

Una puta en el silencio

Voy a empezar a poner capítulos de un libro que escribí hace unos años junto a un amigo mío (Jaime, yo le llamaré Jai). Cada uno escribía un capítulo, por desgracia se quedó incompleto, así que, terminaré de escribirlo yo, si las musas me acompañan.

CAP: 1 --> Jorge 

Este capítulo lo escribió Jai, excepto la última parte en negrita y cursiva que es mía.

La puerta se cerró de golpe. Se me ocurrió que está vez se iba para siempre. No podía estar seguro, simplemente pensé que su despedida definitiva debía de ser ruidosa; tal y como lo había sido su aparición: había incrustado su Peugeot 305 contra la parte derecha de mi Renault 19. Por fortuna estaba sólo en el coche.
Me gustó desde el primer momento, nada más verla acercarse a mí, aturdida aún por el accidente. No es que fuera especialmente atractiva; a pesar de su largísimo pelo de color castaño, casi negro, con el que no podía pasar desapercibida y de tener una bonita figura (aunque tal vez con algunos kilos de más), había algo en el conjunto que fallaba. Quizá fuera la expresión infantil de su rostro con unas mejillas demasiado redondeadas que chocaban con su nariz afilada. De todas formas había algo en ella que me empujó a desear conocerla más a fondo.
Así que un par de semanas después, aprovechando que aún conservaba su número de teléfono (supongo que no por casualidad), la llamé para pedirle una cita. Accedió y después todo fue muy rápido, tal vez demasiado, de modo que en un par de meses ya compartíamos piso.
Entonces fue cuando comprendí que nuestra relación no iba a ser fácil. Desde el principio me había dejado claro que ella no estaba dispuesta a ser monógama, y yo, que nunca he sido una persona posesiva ni celosa, lo acepté sin refunfuñar. Pero los problemas empezaron a surgir cuando empezó a traerse sus ligues a casa, sin preocuparse de si yo estaba o no en el apartamento. Sin duda su vida sexual era mucho más activa que la mía; en nuestra primera bronca ella me dijo que por eso estaba frustrado. Tal vez no entendía que a mí me bastaba con ella. También es verdad que yo no me comporté como un caballero; la llamé puta, cosa de la que aún hoy me arrepiento. Después de esa primera discusión, decidí que en adelante me comportaría con más serenidad, que nunca volvería a perder los estribos. Pero ella no me lo puso fácil, a partir de ese momento empezó a traer hombres con más asiduidad y a cualquier hora del día, no solo por la noche, como había hecho al principio y, supongo que para mortificarme más, disfrutaba del sexo como antes jamás lo había hecho. Nunca la había oido gritar de aquella forma cuando follaba conmigo y, claro está, mi amor propio se resintió. Cada vez que aparecía con un hombre en casa yo me largaba cuanto antes, no quería oírla.
Desde entonces cada vez que discutíamos, cosa que por suerte tampoco ocurría con mucha frecuencia, ella desaparecía por un par de días. En ocasiones se largaba en mitad de una discusión, haciéndome sentir ridículo. A pesar de todo ello, juraría que nos seguíamos queriendo como el primer día.
Además poco a poco fuimos dejando de hacer el amor. No por su culpa, Mónica rara vez ponía objeciones, sino más bien porque yo ya no conseguía relajarme lo suficiente como para disfrutar… pero ¿cómo iba a hacerlo? No podía, cada vez que lo intentaba me venía a la mente el último amante q había entrado por su casa, y luego… me miraba a mí mismo…